sábado, 28 de enero de 2012

AMOR DE PADRE

Un día le preguntaron a un padre a cuál de sus cuatro hijos quería más. El padre respondió que quería a los cuatro por igual, pero el que le preguntaba insistió una y otra vez tratando de arrancarle una respuesta.


Finalmente, el padre, después de pensar, dijo:-Confieso que al que más quiero es al que creo que más me necesita.


Cuando un hijo está enfermo, ése es al que más quiero.


Cuando un hijo tiene problemas, ése es al que más quiero.


Cuando un hijo sufre una decepción amorosa, ése es el que más quiero.


Cuando un hijo sufre un revés económico, ése es el al que más quiero.


Cuando un hijo tiene dudas de si alguien lo quiere, ése es el que más quiero.


Cuando un hijo ha perdido el rumbo, ése es el que más quiero.



Del libro "El Camino de la Espiritualidad" Jorge Bucay

jueves, 26 de enero de 2012

OPINIONES

Ayer navegando por estos mares de internet, me encontré por casualidad con mi blog, unido a un foro de Fibromialgia, pinché y empecé a leer cosas que yo había publicado en su momento sobre esta enfermedad.


Recibo con mucha satisfacción los comentarios que dejan en mi blog, públicos o privados, sobre las cosas que escribo, y pienso que si puedo ayudar a alguien a entretenerse o a pensar, es una gozada.


Sin embargo a pesar de agradecerme en este foro FIBROAMIGOSUNIDOS una colaboración que yo no tenía ni idea, pensé que aunque internet es de "todos" al menos deberían habermelo comunicado a mi blog.




Yo soy Chely.

martes, 24 de enero de 2012

CUANDO ME AMÉ DE VERDAD Charles Chaplin

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!


No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

martes, 17 de enero de 2012

EL ÁRBOL DE LOS AMIGOS Jorge Luis Borges

Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino. Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar, mas otras apenas vemos entre un paso y otro. A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos.

Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros amigos. El primero que nace del brote es nuestro amigo papá y nuestra amiga mamá, que nos muestra lo que es la vida. Después vienen los amigos hermanos, con quienes dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros. Pasamos a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien.

Mas el destino nos presenta a otros amigos, los cuales no sabíamos que irían a cruzarse en nuestro camino. A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, de corazón. Son sinceros, son verdaderos. Saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace feliz.

Y a veces uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón y entonces es llamado un amigo enamorado. Ese da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios, saltos a nuestros pies.

Mas también hay de aquellos amigos por un tiempo, tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas. Ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro, durante el tiempo que estamos cerca.

Hablando de cerca, no podemos olvidar a amigos distantes, aquellos que están en la punta de las ramas y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra. El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas, algunas nacen en otro verano y otras permanecen por muchas estaciones.

Pero lo que nos deja más felices es que las que cayeron continúan cerca, alimentando nuestra raíz con alegría. Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestro camino.

Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud, suerte y prosperidad. Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros.

Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrán de los que no nos dejarán nada. Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.

jueves, 12 de enero de 2012

¡QUÉ PENA! León Felipe

¡Qué pena si este camino fuera de muchísimas leguas y siempre se repitieran los mismos pueblos, las mismas ventas,los mismos rebaños, las mismas recuas!


¡Qué pena si esta vida tuviera- esta vida nuestra - mil años de existencia! ¿Quién la haría hasta el fin llevadera? ¿Quién la soportaría toda sin protesta? ¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?


Los mismos hombres, las mismas guerras, los mismos tiranos, las mismas cadenas, los mismos farsantes¡ y los mismos, los mismos poetas!



¡Qué pena, que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!