domingo, 17 de abril de 2011

ALEGORÍA DEL CARRUAJE Jorge Bucay

Un día de octubre, una voz familiar en el teléfono me dice: —Salí a la calle que hay un regalo para vos.


Entusiasmado, salgo a la vereda y me encuentro con el regalo. Es un precioso carruaje estacionado justo justo frente a la puerta de mi casa. Es de madera de nogal lustrada, tiene herrajes de bronce y lámparas de cerámica blanca, todo muy fino, muy elegante, muy “chic”.


Abro la portezuela de la cabina y subo. Un gran asiento semicircular forrado en pana bordó y unos visillos de encaje blanco le dan un toque de realeza al cubículo. Me siento y me doy cuenta que todo está diseñado exclusivamente para mí, está calculado el largo de las piernas, el ancho del asiento, la altura del techo… todo es muy cómodo, y no hay lugar para nadie más.


Entonces miro por la ventana y veo “el paisaje”: de un lado el frente de mi casa, del otro el frente de la casa de mi vecino… y digo: “¡Qué bárbaro este regalo! Qué bien, qué lindo…” Y me quedo un rato disfrutando de esa sensación. Al rato empiezo a aburrirme; lo que se ve por la ventana es siempre lo mismo.


Me pregunto: “¿Cuánto tiempo uno puede ver las mismas cosas?” Y empiezo a convencerme de que el regalo que me hicieron no sirve para nada. De eso me ando quejando en voz alta cuando pasa mi vecino que me dice, como adivinándome: —¿No te das cuenta que a este carruaje le falta algo?


Yo pongo cara de qué-le-falta mientras miro las alfombras y los tapizados. —Le faltan los caballos —me dice antes que llegue a preguntarle. Por eso veo siempre lo mismo —pienso—, por eso me parece aburrido… —Cierto —digo yo. Entonces voy hasta el corralón de la estación y le ato dos caballos al carruaje.


Me subo otra vez y desde adentro grito: —¡¡Eaaaaa!! El paisaje se vuelve maravilloso, extraordinario, cambia permanentemente y eso me sorprende. Sin embargo, al poco tiempo empiezo a sentir cierta vibración en el carruaje y a ver el comienzo de una rajadura en uno de los laterales. Son los caballos que me conducen por caminos terribles; agarran todos los pozos, se suben a las veredas, me llevan por barrios peligrosos.


Me doy cuenta que yo no tengo ningún control de nada; los caballos me arrastran a donde ellos quieren. Al principio, ese derrotero era muy lindo, pero al final siento que es muy peligroso. Comienzo a asustarme y a darme cuenta que esto tampoco sirve. En ese momento, veo a mi vecino que pasa por ahí cerca, en su auto. Lo insulto: —¡Qué me hizo! Me grita: —¡Te falta el cochero! —¡Ah! —digo yo.


Con gran dificultad y con su ayuda, sofreno los caballos y decido contratar a un cochero. A los pocos días asume funciones. Es un hombre formal y circunspecto con cara de poco humor y mucho conocimiento.


Me parece que ahora sí estoy preparado para disfrutar verdaderamente del regalo que me hicieron. Me subo, me acomodo, asomo la cabeza y le indico al cochero adónde quiero ir. El conduce, él controla la situación, él decide la velocidad adecuada y elige la mejor ruta. Yo… Yo disfruto del viaje.


Esta pequeña alegoría debería servirnos para entender el concepto holístico del ser. Hemos nacido, salido de nuestra “casa” y nos hemos encontrado con un regalo: nuestro cuerpo. Un carruaje diseñado especialmente para cada uno de nosotros. Un vehículo capaz de adaptarse a los cambios con el paso del tiempo, pero que será el mismo durante todo el viaje.


A poco de nacer, nuestro cuerpo registró un deseo, una necesidad, un requerimiento instintivo, y se movió. Este carruaje —el cuerpo— no serviría para nada si no tuviese caballos; ellos son los deseos, las necesidades, las pulsiones y los afectos.


Todo va bien durante un tiempo, pero en algún momento empezamos a darnos cuenta que estos deseos nos llevaban por caminos un poco arriesgados y a veces peligrosos, y entonces tenemos necesidad de sofrenarlos.


Aquí es cuando aparece la figura del cochero: nuestra cabeza, nuestro intelecto, nuestra capacidad de pensar racionalmente. Ese cochero manejará nuestro mejor tránsito. Hay que saber que cada uno de nosotros es por lo menos los tres personajes que intervienen allí. Vos sos el carruaje, sos los caballos y sos el cochero durante todo el camino, que es tu propia vida.


La armonía deberás construirla con todas estas partes, cuidando de no dejar de ocuparte de ninguno de estos tres protagonistas…

viernes, 15 de abril de 2011

HE APRENDIDO...

He aprendido que no puedo hacer que alguien me quiera, sólo convertirme en alguien a quien se pueda querer. El resto depende de los otros.


He aprendido que por mucho que me preocupe por los demás, muchos de ellos no se preocuparán por mí.


He aprendido que se puede requerir años para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla.


He aprendido que lo que verdaderamente cuenta en la vida no son las cosas que tengo a mi alrededor, sino las personas que están a mi alrededor.


He aprendido que no puedo compararme con lo mejor que hacen los demás, sino con lo mejor que puedo hacer yo.


He aprendido que puedo llegar mucho más lejos de lo que pensé posible.


He aprendido que soy responsable de lo que hago, cualquiera que sea el sentimiento que tenga.


He aprendido que si no controlo mis actitudes, ellas me controlarán a mí.


He aprendido que los héroes son las personas que hacen aquello de lo que están convencidos, a pesar de las consecuencias.


He aprendido que aprender a perdonar requiere mucha práctica.



He aprendido que el dinero es un pésimo indicador del valor de alguien.


He aprendido que con los amigos podemos hacer cualquier cosa, o no hacer nada y tener el mejor de los momentos.


He aprendido que a veces las personas que creo que me van a patear cuando estoy caída, son aquellas que me ayudan a levantar, y aquellas que creo que me van a levantar, son las que me patean.


He aprendido que en muchos momentos tengo el derecho de estar enojada, mas no el derecho de ser cruel.


He aprendido que simplemente porque alguien no me ama de la manera que yo quisiera, no significa que no me ame a su manera.


He aprendido que la "madurez" tiene más que ver con las experiencias que he tenido y aquello que he aprendido de ellas, que con el número de años cumplidos.


He aprendido que por bueno que sea "el buen amigo" tarde o temprano me voy a sentir lastimada por él y debo perdonarlo por ello.


He aprendido que no siempre es suficiente ser perdonado por los otros; a veces tengo que perdonarme a mí misma.


He aprendido que por más fuerte que sea mi duelo, el mundo no se detiene por mi dolor.


He aprendido que porque dos personas discuten no significa que no se aman, y simplemente porque dos personas no discutan no significa que se amen.


He aprendido que no tengo que cambiar de amigos, si comprendo que los amigos cambian.


He aprendido que dos personas pueden mirar la misma cosa y ver algo totalmente diferente.


He aprendido que, sin importar las circunstancias, cuando soy honesta conmigo llego más lejos en la vida.


He aprendido que el paradigma en que vivo no es la única opción que tengo.


He aprendido que es muy difícil fijar el límite entre no herir los sentimientos de los demás y defender lo que creo.


He aprendido que no importa lo que me pase, sino cómo soy capaz de manejarlo.


He aprendido que es mucho más fácil para mi reaccionar que pensar. Y que si pensara antes de reaccionar muchos incidentes penosos se evitarían.


He aprendido que siempre debo dejar a los que amo con palabras de amor.Puede ser la última vez que los vea.


He aprendido que puedo soportar mucho más de lo que pensaba que podría.


He aprendido que el perdonar se aprende practicando.


He aprendido que hay gente que me quiere mucho pero que simplemente no sabe como demostrarlo.


He aprendido que los problemas grandes no hay que eludirlos. Cuanto más rápido los enfrente, más paz encontraré.


(de la página de facebook, "No te arrepientas de lo que hagas!!! arrepientete de lo que no haces!!!")

sábado, 9 de abril de 2011

LA ROSA Y EL SAPO

Había una vez una rosa roja muy hermosa y bella. Que maravilla al saber que era la rosa mas bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos. Un día se dio cuenta de que al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro y que era por eso que nadie se acercaba a verla de cerca.


Indignada ante lo descubierto le ordeno al sapo que se fuera de inmediato; el sapo muy obediente dijo: Esta bien, si así lo quieres. Poco tiempo después el sapo paso por donde estaba la rosa y se sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. Le dijo entonces: Vaya que te ves muy mal. ¿Que te paso? La rosa contesto Es que desde que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y nunca pude volver a ser igual.


El sapo solo contesto, Pues claro, cuando yo estaba aquí me comía a esas hormigas y por eso siempre eras la mas bella del jardín.


Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos mas que ellos, mas bellos o simplemente que no nos "sirven" para nada... todos tenemos algo especial que hacer, algo que aprender de los demás o algo que enseñar, y nadie debe despreciar a nadie. No vaya a ser que esa persona nos haga un bien del cual ni siquiera estemos conscientes.

jueves, 7 de abril de 2011

LA CASA DE LOS MIL ESPEJOS. Enrique Mariscal

Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa. El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera.


Al terminar de subir las escaleras se topó con una puerta entre abierta; lentamente se adentró en el cuarto. Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto había 1000 perritos más observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos. El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los 1000 perritos hicieron lo mismo.


Posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos. ¡El perrito se quedó sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él! Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para sí mismo: ¡Qué lugar tan agradable, voy a venir más seguido a visitarlo!


Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto. Pero a diferencia del perrito anterior, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que lo estaban viendo de una manera agresiva. Posteriormente empezó a gruñir; vio como los 1000 perritos le gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a él. Cuando este perrito salió del cuarto pensó: ¡Qué lugar tan horrible es este, nunca más volveré a entrar allí!


En el frente de dicha casa, se encontraba un viejo letrero que decía: "La Casa de los 1000 Espejos".


"Todos los rostros del mundo son espejos..." Decide cuál rostro llevarás por dentro y ese será el que mostrarás.


El reflejo de tus gestos y acciones es lo que proyectas ante los demás.


"No eres responsable de la cara que tienes, eres responsable de la cara que pones..."